Patricia Nasello - Bioliteraria reducida


PATRICIA NASELLO


Patricia R. Nasello Giassone (1959, Argentina).

Publicó los libros  de microrrelatos Una mujer vuelta al revés (2017, Macedonia), Nosotros somos eternos (2016, Macedonia) y El manuscrito (2001, edición de autor).

Maestrante en la Universidad de Salamanca: Maestría en Escritura Creativa.

Participó en antologías, periódicos y revistas culturales (soporte papel) en Argentina, México, España, Perú, Rumania, Venezuela y Bolivia.

Trabajos suyos han sido traducidos al francés, italiano, rumano e inglés.

Coordina Talleres de Creación Literaria.

Desde el año 2014 administra Piedra y nido (http://piedraynido.blogspot.com.ar/) antología digital de minificción (más de doscientos escritores publicados de veintitrés países).

Miembro, junto a Sergio Astorga (México/ Portugal), de Brevilla (http://revistabrevilla.blogspot.com.ar/) revista digital de minificción. Dirige, Lilian Elphick (Chile).

Miembro de #MICROlee, laboratorio de lectura de microrrelatos. (https://www.facebook.com/profile.php?id=150069712472841&ref=br_rs)
Integrantes: Ana María Mopty, Ildiko Nasrr,  Liliana Massara, Mónica Cazón, Nélida Cañas y Patricia Nasello.

Contadora Pública por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)

Bitácora personal: 
https://patricianaselloescritora.blogspot.com.ar/


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Lluvia persistente sobre una comunidad vulnerable

Azorados, lo vimos saltar, cada vez más alto, hasta que quedó prendido del cielo.
—Mirá, mami, el mar está arriba —repetía, alegre en su inocencia, la preciosa nena del 3º B.
Cuando comenzábamos a olvidar tamaña extravagancia, él decidió precipitarse en forma de goterones verdes y salados.
En las plantas de los balcones florecieron hipocampos, langostinos y medusas; y tanto de los pisos como de los muebles no se quitaba el polvo sino la arena. Un pulpo, cabeza gigantesca, tentáculos pringosos, señoreaba por los palieres; con voz ruin exigía el pago de unas expensas absurdamente costosas.  El administrador del edificio, inquilino del 9º C, un flaco con más pinta de hombre de letras que de números, había desaparecido —y en estos últimos días supimos que teníamos razón al temer por su suerte—.
 Las casas vecinas, la escuela que hace esquina con Entre Ríos y el kiosco de la esquina opuesta, los vendedores ambulantes, el director de tránsito, los colectivos, los autos, la calle, todo se borró tras esta cortina de agua verde cuya omnipresencia ahora también apaga los ruidos. Desconocemos qué destino le dio a su capital mal habido aquel despreciable secuaz del mar. La luz declina. No escampa.








NASELLO, P., 2017, Una mujer vuelta al revés, Morón, Provincia de Buenos Aires, Macedonia Ediciones, p. 36


Las mueve el viento

A mí y a mamá nos anda siguiendo una casa grande y vieja. Probamos correr, escondernos, no hay caso, sigue atrás. Para colmo terminamos perdiéndonos. Yo creo que la casa también está perdida así que eso no me preocupa, pero mamá se da vuelta, la señala con un dedo que le tiembla y abre mucho los ojos “Castillo embrujado” dice, me lo dice en secreto, pero después grita “Andate, no te conozco” y los gritos son para la casa. A lo mejor sí la conoce, sólo que se olvidó.
Me da lástima verla así a mamá. Tanta lástima que dejo que me apriete la cabeza contra ella y eso que no me gusta porque sin querer me tira los pelos que están metidos adentro de la trenza y la cara se me pega a su pollera de puntitos que raspan y casi ni puedo respirar.
Las paredes de la casa seguro que raspan.
Pienso que nos quiere decir algo, pero no sabe cómo tratar con la gente o no puede, porque por el lado de afuera está rota, llena de agujeros que no llevan a ninguna parte, si llevaran se vería lo de adentro, y no se ve. Pero aunque no se vea yo se que ese adentro existe. Sé que tiene muchos muebles de madera oscura adornada con dibujos, esos muebles altos y finos que mamá llama bargueños, y escritorios y roperos tan pesados que yo no podría moverlos. Tiene escaleras blancas escondidas detrás de unas telarañas tan viejas como la casa, las arañas se fueron hace mucho. Y debajo de los muebles y de las escaleras, tiene un montón de cosas moviéndose. “Explicame otra vez qué impulsa a las cosas” pide mamá. “Las mueve el viento que entra por los fragmentos de puerta y de ventana y de techo que no están” le contesto, pero es mentira y a mí me parece que mamá se ha dado cuenta por eso pregunta a cada rato. Las cosas se mueven porque les gusta chocarse, terminar hechas pedazos. Lo roto quiere seguir rompiéndose.
Ahora me doy cuenta, la casa nos eligió para que la ayudemos a morir.
Que se la arregle como pueda, yo tengo que descubrir el camino que perdimos. Y tengo que cuidar a mamá. La llevo de la mano y siempre estoy mirando por dónde camina. Tengo terror de que tropiece y se lastime.




NASELLO, P., 2016, Nosotros somos eternos, Morón, Provincia de Buenos Aires, Macedonia Ediciones, p. 17


Amantes

Estamos sobre la colina, al sol. De cara al mar.
Celebrando.
Acaricio su cuello, ciño mis muslos a su cuerpo.
La gente que está abajo, en la playa, levanta la vista, nos señala.
Me aferraría aún más a él si pudiera. Por deseo no, por rebeldía supongo.
Los veo preparar sus cámaras fotográficas, subir la sierra.
Vienen hacia nosotros.
Este grupo trae un guía. El guía habla con voz chillona y explica obviedades: que estamos hechos en mármol, que yo soy una diosa que mi compañero un cisne, que lo monto como a un caballo.
El hombre no tiene precisiones. Tal vez soy Afrodita. Quizá nos esculpieron hace 2400 años.
—Nadie sabe cuánto más podremos disfrutar esta belleza —termina diciendo—, por el problema de la lluvia ácida— aclara.
Los turistas se aburren. Toman algunas fotos, con descuido, apuradas. Y regresan a las olas. 
El guía se demora un par de minutos a nuestro lado. Cuando cree que nadie lo observa, me acaricia.
Su sudor se pega a mis labios.
 Me mira a los ojos. Con mirada firme. Precisa. De lobo.

—2400 años, miserable cantidad de tiempo para una diosa —estimo—, pero estoy cansada. De  lobos y de cisnes. Te agradezco, lluvia ácida.  






NASELLO, P. 2001, El manuscrito, Córdoba, Argentina, Edición de autor,  p 67